Cómo dejar de fumar y no engordar en el intento

¡Dejar de fumar no es fácil ni aunque sepas cómo! ¡Qué no te engañen!

Yo estuve dejando de fumar, fumando, durante 15 años. Lo hacía de forma constante y cíclica, a ritmo. Un cigarrillo, dos, tres…y otro más.  Ni hacer deporte, ni adelgazar, ni llevar una vida sana se me pasaba entonces por la cabeza.

Fumando

Fumando

Quise dejar de fumar casi desde que empecé, cuando me di cuenta que ya no había marcha atrás. Fue mi propósito de año nuevo desde el 2000.  Aquella Nochevieja, en la que la gente se debatía entre la llegada del fin del mundo y la debacle del apagón analógico, yo tenía otra preocupación mucho mayor: qué sería de mi sin fumar, sin encender un cigarrillo, sin humear…solo de pensarlo me vuelven los sudores fríos. Esa era la verdadera catástrofe de aquél 31 de diciembre.  Fue tan angustiosa la noche que fumé más que Vivien Leig -Escarlata O’hara- en Lo que el Viento se llevó: ella cuatro cajetillas al día, yo cuatro cajetillas en una noche. No dejé de fumar, claro, pero la parte buena es que ni se acabó el mundo ni hubo un desastre tecnológico. Pocas veces las profecías y los deseos se cumplen.

Ni un contrató impidió que apagara mi último cigarrillo.   Afortunadamente no perdía  una fianza si lo incumplía, aunque sí ganaba una colleja por cigarro encendido, qué también duele.  El propietario de tan peculiar contrato era Toni, el viajero infrecuente, quien siempre supo que no renunciaría al tabaco, por lo menos, no en ese momento. ¡Siempre ha sido un espabilado! Aunque no me sirvio para dejar de fumar, la gracia del contrato nos ha dado para hablar durante muchos años.

Tabaco

Kit de supervivencia. Mis últimas calada fueron con tabaco de liar.

Años después hice un nuevo intento. Duró una semana, bueno cinco días. Ahí supe lo que era un mono de verdad – y no Chita-. Me despertaba cada noche con sudores fríos – eso si conseguía conciliar el sueño- estaba de mal humor y sí, con ganas de comer. Total, que para controlar la ansiedad decidí que fumaría solo tres cigarrillos al día – desayuno, almuerzo y cena- a modo de medicación. Más o menos funcionó. Digo más  menos porque, cual yonki, llegué a adelantar el reloj para que mi dosis no se hiciera esperar.  Pero entonces llegó el sábado noche. Estaba con unos amigos en el mítico Chapandaz en  Moncloa, famoso por su asquerosa leche de pantera,  y me entraron ganas de ir al lavabo. Allá que fui y ¡oh sorpresa! mientras me bajaba las medias, encerrada en el retrete, me encontré una cajetilla de Marlboro Light.  Me encomendé a mi vaquero de Colorado, que anunciaba Lucky Strike, mi marca favorita, para que no viera en ese gesto un renuncio  y abrí la cajetilla. Estaba llena. Claramente era una señal – o así lo entendí yo- . Dejé de fumarme mis ganas de fumar y me encendí un cigarrillo. Cayeron los 20 de la cajetilla aquella noche. Por cierto, si quieres ver al cowboy  de Lucky Strike, pincha en el siguiente enlace:

Pasaron bastantes años hasta que hice mi último y definitivo intento por dejar de fumar. Hoy hace exactamente un año y un mes que apagué mí último cigarrillo. ¿Cómo lo hice? Pues la verdad, no lo tengo muy claro. Creo que fue porque estaba realmente convencida de que quería hacerlo. Y que me importaba más el dejarlo que la ansiedad que me pudiera generar, que en el peor de los casos sería pasajera. Varios factores influyeron en mi decisión, pero sobre todo estos dos:

1. Me molestaba el olor del tabaco en la ropa de deporte. Correr y apestar a tabaco es la peor sensación del mundo.

2. Yo no controlaba mi vida, la controlaba el tabaco. Me di cuenta de su poder cuando en una escala en el aeropuerto de Abudhabi enloquecí porque no encontraba la sala de fumadores. Llegué a ponerme impertinente con una azafata que trataba de explicarme en inglés cómo llegar. Y yo lo único que pensaba era que no podía subirme al avión sin fumar, y esa mujer hablándome en inglés me estaba complicando la vida. La dejé con la palabra en la boca y me puse a correr hacia ninguna parte. Fue muy patético, sobre todo porque iba con mi novio al que acababa de conocer hacía poco más de un mes. El flipó, pero yo casi más. Nunca me había visto tan fuera de mí. Por cierto, encontré la sala de fumadores, encendí el cigarrillo, le di una calada y me fui corriendo. Era la única mujer de la sala y mis compañeros de vicio era hombres con casacas y pañuelos árabes en la cabeza no les gustaba mi compañía y se gastaban muy malos humos. Después del mal rato y la ansiedad pensando que no podría fumar,¡encima se me atragantó el cigarro! Os dejo una foto fumando días antes del incidente en el aeropuerto.

Fumando un cigarro en Tailandia

Fumando un cigarro en Tailandia. De regreso a España ocurrió el episodio de Abudhabi

Pues así, de la noche a la mañana dejé de fumar el 11 de enero de 2014. Ni fecha señalada, ni promesa, ni nada. No se pasa bien, pero se puede controlar. Las dos primeras semanas son lo peor. Para sobrellevar la ansiedad, me dedicaba a comer zanahorias, mascar chicles y hacer deporte. Cuando la casa se me caía encima y había peligro de asaltar  la nevera, literalmente me iba a dar una vuelta a la manzana, que no a comérmela. Fue cabezonería. Quise dejar de fumar y quería hacerlo por mí misma. Eso sí, prefería volver a fumar que engordar, así que como no quería ni una cosa ni la otra, recurrí al  autocontrol y a la fuerza de voluntad, tus mejores colegas para dejar de fumar y no engordar en el intento.  Un año y un mes después todavía me acuerdo del tabaco.

Pd: ¿Sabes cuánto dinero he quemado en los 15 años que estuve fumando? Aproximadamente unos 27.ooo euros. ¡Qué de viajes me es-fumé!

¡Hasta la próxima!

Anuncios

Perdona las molestias: estoy escribiendo

Hace ya casi dos semanas que publiqué la última entrada en mi blog. No es que lo tenga abandonado,  aunque lo parezca; ni que me haya aburrido de escribir, aunque también lo parezca. Todo lo contrario. En este tiempo me he reconvertido en una escribana metódica y constante, que teclea más de 5000 palabras diarias con contenido original y optimizado para SEO. O dicho de una manera menos sofisticada, me dedico a redactar textos de cero gusto literario, repetitivo y forzado,  para ganarme mi primer sueldo como redactora freelance.

Sí, me gusta escribir.

Sí, me gusta escribir.

No está siendo fácil pero tampoco tan difícil como pensaba. Ya he conseguido mis primeros clientes y me ha dado tiempo de hacer mi propia página web profesional. Si quieres verla pincha en el siguiente enlace www.periodistayredactorafreelance.wordpress.com.  Por cierto, paradojas de la vida, uno de mis clientes es La nevera roja, un portal web especializado en comida a domicilio. Hoy me he tirado cerca de once horas  escribiendo sobre pizzas, pastas, y hamburguesas. ¡Qué empacho! Así que para digerir este menú tan poco ligero he cenado judías verdes hervidas con agua y sal. ¡Y tan feliz oye!

hamburguesas

Hamburguesas

 Como véis últimamente me autoexploto, aunque como es auto lo hago con gusto y adicción. No es lo mismo que te flagelen que autoflagelarse, que no deja de ser algo doloroso pero mucho más controlado ¡dónde vas a parar!

Así que no temáis, que aunque está en un inquietante letargo, Dos de sacarina amenaza con despertar en cualquier momento y sorprender, a seguidores y extraños, con el nuevo post que ya tiene título: Cómo dejar de fumar y no engordar en el intento. ¿Adivináis de qué va?

¡Hasta pronto!

 

Etiquetado , , , ,

La mujer que alimentaba a los caballos

Hoy me he puesto a dieta. Sí, sí, de esas con nombre y apellidos. Se la conoce como la Dieta del Metabolismo Acelerado, y es el último bestseller dietéticamente hablando. Dura tan solo 28 días. Promete bajar diez kilos en ese 9786073117920tiempo pero permitidme que ésto no me lo crea.  Ni falta que hace. A priori y por lo que he leído mezcla todos los grupos de alimentos, aunque bien es cierto que hay prohibiciones. Y no son pocas:

  1.  NO maiz
  2.  NO trigo
  3.  NO lácteos
  4.  NO azúcares
  5.  NO edulcorantes, solo stevia o xilitol (esto último me niego, odio la stevia así que yo seguiré con mi chorrito de sacarina líquida para endulzar)
  6.  NO café, ni excitantes, ni refrescos light, ni zumos, y por supuesto, NO alcohol. Visto lo visto, mi fiesta de cumpleaños la voy a celebrar con botellines de agua y palitos de apio para picar. Cuanto menos, será un cumple original ¿no creéis?

La verdad es que confío poco en esta dieta, más que nada porque la inventó una veterinaria pija apasionada de los caballos. Según cuenta en su libro, fue observando rumiar a estos cuadrúpedos como se le ocurrió esta dieta y la forma de acelerar el metabolismo del personal. Sí, yo también pienso que en fin…pero  lo que no se le puede negar es que ha sabido moverse muy bien y hacerse muy buen marketing. Tanto que ha pasado de médico de caballos a nutricionista de estrellas, o al menos eso dice. Asegura que el cuerpo de Jennifer López se debe a que la actriz se alimentó siguiendo las pautas que marcaba a su corcel. Paja más, paja menos.

La nutricionista que daba de comer a sus caballos

       La cuestión es que el libro de esta veterinaria/nutricionista/pija/amantedeloscaballos es un fiasco. Vale 18 euros -aunque hay formas de conseguirlo gratuitamente, y menos mal, porque de verdad que no vale la pena-. Si su capacidad para acelerar el metabolismo es similar a su capacidad de escribir, estamos apañados.

En su página de facebook ya les he hecho saber que su libro me parece un pufo y les he recomendado un escritor. No me he ofrecido de casualidad, aunque con ganas me he quedado 🙂 Básicamente, se contradice en cantidades, se lía en explicar el proceso por el que se acelera el metabolismo, tiene epígrafes que no tienen ningún sentido como por ejemplo La hora de los nerds, y por si esto fuera poco, se repite más que el ajo en cosas sin interés. Cuando llega lo importante, es decir,  qué y cómo comer, casi lo hace a hurtadillas.  Éstas son sus tres fases a seguir y esta es toda su explicación.

FASE 1:
Desayuno: fruta + grano
Refrigerio: fruta
Almuerzo: grano + proteína + verdura + fruta P1000608
Refrigerio: fruta
Cena: grano + verdura + proteína

FASE 2:
Desayuno: proteína + verdura
Refrigerio: proteína
Almuerzo: proteína + verdura
Refrigerio: proteína
Cena: proteína + verdura

FASE 3:
Desayuno: fruta + grasas saludables + proteína + grano + verdura
Refrigerio: verdura + grasas saludables + proteína
Almuerzo: verdura + grasas saludables + proteína + fruta
Refrigerio: verdura + grasas saludables + proteína
Cena: verdura + grasas saludables + proteína + grano (opcional)

Yo también puse cara de póker al principio, y aún sigo un poco a cuadros…

La primera fase dura dos días, la segunda otros dos y la última tres. En total, una semana para completar las tres fases. La dieta dura cuatro semanas aunque según ella se puede seguir siempre que quieras. Otra de sus incongruencias. Si dura 28 días, dura 28 días, no sinedie. Insisto, para mi gusto cojea mucho.

Cien folios después de que nos hable de estas tres fases, nos dice qué comer y nos da ejemplos, pero os aseguro que no quedan nada claras las cantidades. Llevo dos días jugando a descifrar jeroglíficos para ver cuánto tengo que comer de qué. Y en determinados momentos hago lo que me viene en gana, porque en unas páginas del libro te dice que no comas verduras en el almuerzo de la fase 1 , y unas hojas después te dice que las comas.  Además, las medidas no son las estándares que utilizamos en España, habla de tazas, no sólo de gramos, para según que productos y eso también puede llevar a confusión.

Total, que me estoy haciendo un diario de mis menús para ver si esto acaba teniendo algún sentido. Os pongo mis comidas de hoy para que os hagáis una idea.

  • DESAYUNO: Manzanilla + 3 cucharadas de avena con agua y canela (una asquerosidad). Me flipa la avena, pero con agua…Puaj!
  • MEDIA MAÑANA: 2 mandarinas
  • COMIDA: 175 GR (peso cocido) de spaguetti de espelta con dos cucharadas de tomate natural y 90 gr de carne picada + una manzana.
  • MERIENDA: 1 mandarina
  • CENA: Verduras hervidas con 100 gr de pechuga de pollo + 90 gr de spaguetti de espelta cocidos (ojo sin aceite) + un kiwi.

Después de la comida me he ido a hacer una clase de spinning para ayudar a “acelerar mi metabolismo” (nótese el pitorreo).

lista-compra--eOs seguiré contando cómo va. Pero si que os adelanto que es una dieta cara. Igual que la Dukan. En este caso, tienes que comprar muchas productos en herbolarios y los precios suben considerablemente. Para que os hagáis una idea yo he comprado hoy pan de espelta y avena por 3’55, arroz salvaje 500 gr. por 3’10 euros y espaguetti de espelta por 3’65. Además tienes que comer a diario carne o pescado lo cual sube también el precio final de la lista de la compra, o al menos de la mía que básicamente me alimento de verduras y ensaladas.

Por cierto, a pesar de creerse la gurú del metabolismo acelerado y de pensar que su dieta es el mejor invento desde la electricidad, le dedica como unos diez folis a quitarse responsabilidades en caso de problemas derivados de su dieta. ¡Hay que joderse!

Etiquetado , , , , ,

La culpa es de los sicarios

En mi último post me quedé justo en el momento en que mi forma de perder peso necesitaba un giro, un punto de inflexión. Ya os avisé que esa sería otra entrada, y aquí está. No os acostumbréis, no contaré las cosas cronológicamente ni mucho menos, pero esta vez me apetece continuar. De vez en cuando están muy bien los puntos y seguido.mancuerna

Abril de 2009. Vivía todavía en mi estupendo loft de la plaza Santa Ana. Ya os he hablado de él. Un pisito a lo Moulin Rouge en el centro de Madrid. Era genial vivir ahí hasta que lo asaltaron. ¿Ladrones? Quizá, pero la policía tenía otra hipótesis -la fácil, por otro lado- . No robaron nada, pero lo revolvieron todo. Registraron hasta el último rincón, el último cajón. Desmontaron todo. Incluso, abrieron y sacaron las pilas del consolador que con tanta desfachatez y mal gusto  me habían regalado Toni, Kali, Antonio, Pi y Joan. Por cierto, gracias. Me encantó el regalo :). Aunque de aquella lo tiré.  Verlo desparramado por la cama me impactó. Casi más que cualquier otra cosa. ¿Qué ladrón se dedica a jugar con un vibrador?

Nunca supe quién había entrado y eso que vinieron los CSI españoles. Grissom incluído. Pero no encontraron nada, y lo ensuciaron todo aún más. La policía sospechó que estaba relacionado con mi trabajo. Justo se acababa de emitir un reportaje que había hecho sobre sicarios. Había contactado con ellos y estaban dispuestos a matar al “socio de mi marido” por 3000 euros. La conclusión de la policía es que no les hizo gracia verse en televisión y vinieron a darme un susto, un aviso. Su sospecha cobraba fuerza cuando se dieron / me di cuenta de que no faltaba nada salvo una fotografía. Mía. La habían cogido de un álbum de fotos que habían dejado descuidadamente colocado en el medio del salón. Abierto por el lugar donde faltaba la foto. Cierto es que ahí me empecé a asustar. ¡Qué digo empecé, ahí quería ya llorar! Me temblaban las piernas y las ideas. Estaba en shock y lo único que se me venía a la cabeza era la conversación con los sicarios en la que me confirmaban que “para hacer el trabajo, necesitamos solamente una fotografía y una dirección. Nada más”.

Al mes del “asalto” me mudé. Y con esta mudanza empezó mi afición al deporte.

Habitación a la que me mudé tras el asalto.

Mayo de 2009. Dejé de vivir sola y volví a compartir piso. Mejor mal acompañada que sola en este caso. Al tema. Seguía en mi proceso de adelgazamiento y quería pulirlo. Después de automeditarlo, autoconvencerme, concienciarme, y automotivarme, lo tuve claro.

Tenía que APUNTARME AL GIMNASIO. Así que decidida, según firmé el contrato  del piso me inscribí en el gimnasio. Una cosa tenía claro, y la sigo teniendo. Para ir tenía que estar cerca. Lo más cerca posible de mi casa. Así no habría excusa. Y el único que cumplía el requisito era  uno que ahora se llama Muscle Art. Imaginaos…Más que un gym era un club social de fanáticos de los esteroides, las camisas pequeñas y los músculos grandes.

muscle

Mi primer gimnasio

Rezumaba testosterona por sus escasos 70 metros cuadrados. Pero estaba enfrente de mi portal. Eso era lo importante. Casí no habían máquinas para hacer cardio -lo que más interesa para perder peso-. Exactamente había una elíptica, dos cintas y dos bicis. Pero eso sí,muchas mancuernas que pesaban más que yo por aquél entonces. Vamos una barbaridad. Un sitio extraño para una chica. Quizá por eso sólo estábamos apuntadas dos. La que se follaba al dueño y la novata, es decir, la menda… Muchas veces me pregunté lo mismo que los Burning en esta canción.

Por aquél entonces no es que no me gustara el deporte, es que lo odiaba, y me daba una pereza increíble. Además me sentía torpe, cualquier cosa que hacía, deportivamente hablando, me imaginaba como un gato mareado y ante el miedo al ridículo, evitaba hacerlo pero…Con los kilos se empezó a ir la vergüenza y muchas otras cosas y aquí estoy, deportista y con treinta y pico kilos menos. Ni tan mal se me ha dado.

La motivación fue importante. En mi caso tenía nombre propio. Pero lo llamaremos X. Se convirtió en mi entrenador personal. Era uno de los dos monitores que tenía ese gimnasio convertido en club social. Nunca tuvimos nada serio. No lo quise. Tenía mucho músculo pero poca cabeza. Para tratar de conquistarme me dijo que había estado en la cárcel porque le habían pillado con una pistola en el coche y no sé cuántos gramos de faropa. Supongo que era mentira, pero era de los que pensaba, que los chicos malos molan a las chicas. Aún con todo, me hacía gracia y consiguió ser el primer clavo ardiendo al que me agarré para sobrellevar el dolor, las agujetas, el cansancio y el sudor. Ahora me encanta sudar y mi única motivación es el placer de hacerlo. Aunque a veces, el placer se convierta en sufrimiento y proteste, me enfade y patalee. Pero sigue siendo placer. Al menos cuando termina la sesión.

Etiquetado , , ,

Una gordita jodidamente feliz

Poco antes de empezar con mi nueva vida, recuerdo estar durante varias semanas de tiendas buscando vaqueros desesperadamente. Necesitaba unos y no encontraba ningunos de mi talla. En Zara, Mango, y las tiendas típicas ni me lo planteaba así que fui a varias de firmas, Pepe, Salsa hasta que al final decidida entré en Levis de la calle Fuencarral.
¿Adivináis la respuesta cuando pregunté por unos pantalones para mí? – No hay talla de chicas que te sirva, pero puedo ofrecerte el último modelo que nos ha llegado de chicos.  La verdad es que no me lo dijo mal, pero no sabéis lo bochornoso y deprimente que fue ese momento.

Yo llegué a tener bastante complejo, pero no tanto por mí, sino por lo que la gente te machaca. No digo que siempre se hagan las cosas con maldad, pero que estaba gorda ya lo sabía y no hacía falta que me lo repitiesen. Era gorda pero no ciega. Tampoco que que me diejeran que era muy mona si no fuera gorda. ¡¡¡Arggg!!! Odiaba cuando me decían lo de Raquel es una gordita feliz. No, Raquel no era una gordita feliz, era una gordita jodida pero que aparentaba ser feliz. Sabía que le caía bien a la gente y que tenía que potenciar eso para que no me rechazaran Así que sí, Raquel aparentemente era una gordita jodidamente feliz.

Los primeros días después de mi cumpleaños me dediqué a pensar en cómo iba a hacerlo. Me había propuesto quitarme un gran peso de encima y no iba a ser fácil. Lo único que tenía claro es que no quería hacerlo con dietistas, ni endocrinos, ni nutricionistas, ni nadie que me obligara a comer no sé cuentos gramos de hígado, -que odio- otros tantos de repollo hervido sin sal -odio la comida sin sal- y dos zanahorias cocidas para merendar – también las odio, hervidas y sin hervir-. No. No quería prohibiciones ni órdenes. Yo era la única que podía decidir sobre mi alimentación y mi vida. Porque sí, que nadie os engañe, es muy difícil hacer dieta y mantener una vida social activa y normal. Si haces dieta con seguimiento médico para no pasarte, no desconsolarte o no parecer un bicho raro cuando sales por ahí, lo mejor que puedes hacer es quedarte en casa. Y eso pasa factura y hunde la moral de cualquiera.  Desanima y te baja la autoestima y hace que mandes al carajo la dieta antes de empezarla, y con razón. Porque al final lo único que piensas es…¡vaya mierda!. Esto no me compensa.

Aquí os dejo el enlace de una canción que me dedicaron mucho. Os podéis imaginar que opino de esta forma de dar ánimos. Y lo falsa que era mi sonrisa cada vez que sonaba y me decían mira Raquel en plan mira guay

Qué cómo lo hice entonces…Pues al principio nada drástico, pero sí efectivo. Empecé a  reducir bastante las cantidades, aunque tampoco os penséis que antes comía como un animal, comía sin control o sin conciencia, pero no una barbaridad. Como método que interioricé (y a día de hoy uso) era servir toda mi ración en un único plato. Como si fuera un plato combinado. Durante los primeros meses seguía comiendo más o menos de todo, pero eso sí, suprimé aceites, salsas y aliños excesivamente calóricos. Cambié el pan normal por los picos, que racionalizaba, y obviamente dije adiós a todo aquello que fuera comida basura, snacks o chucherías. Pero ojo, entre semana. El fin de semana si salía con mis amigos, aunque controlando, sí me tomaba mis cervezas e incluso picaba algunas aceitunas o patatillas para empepar. Insisto, quería seguir teniendo una vida social normal.

Aunque no lo creáis así conseguí perder unos diez kilos en cinco meses, y realmente no me costó ningún esfuerzo. Además estaba contenta y motivada, porque estar a dieta (o más bien cambiando hábitos alimentarios) no estaba influyendo en mi vida normal y además estaba perdiendo peso, y sin hacer deporte. Por entonces todavía no se me había despertado el espíritu deportista pero estaba en camino.

Recordad que cuando yo hablo de mi dieta, siempre me refiero a cambio de hábitos. No a dietas con nombre y apelllidos. Que también las he hecho, y ya os hablaré de ellas, pero las usaba a modo de choque y aun así realmente convencida de lo que hacía.

A lo que iba, en cinco meses diez kilos. Estaba encantada…pero…cada vez era más dificil perder…Como en un buen guión, mi dieta necesitaba un giro. Y llegó. Fue en mayo de 2009. Pero èsta será ya otra entrada.

Etiquetado , , , , , , , , , , , ,

Es niña y pesa cinco kilos.

Nací con cinco kilos. Lo que viene siendo hermosa – por cierto, cómo odio esta expresión-. Y a partir de ahí, todo fue subir de peso. Era muy glotona y, por lo visto, graciosa cuando pedía comida. Así que nadie se podía resistir a darme de comer  siendo bebé. Pero claro, crecí y mi sobrepeso empezó a ser preocupante. Me costaba respirar, la columna crujía  y la rodilla se bloqueaba continuamente.

bascula

Bajar de peso era, según los médicos, la única solución a mis problemas…Ahí empezó mi tour por dietistas y endocrinos. Recuerdo toda mi infancia haciendo dietas y el horror que suponía ir de tiendas. Lo que para todas mis amigas del cole era divertido para mí era un infierno. En aquella época la gente era bastante menos diplomática que ahora, y recuerdo como le decían a mi madre, conmigo delante, que no perdiera el tiempo mirando, que no había ropa para mí en las tiendas. No tendría ahí más de diez u once años. Siempre se ha dicho que los niños son crueles, para mí lo eran más las señoras de las tiendas, las dependientas. Las odiaba.

Pero a lo que iba. Creo que mi primera dieta la hice con unos doce años. Y de verdad, no creo que sea la solución para que un niño pierda peso. Lo que he aprendido de todo esto es que para adelgazar, tienes que tener clara dos cosas.

1. Tienes que querer tú y estar concienciado. No sirve que te obliguen. Yo acabé muy harta de escuchar a todo el mundo decir, o peor, decirle a mis padres que tenían que ponerme a dieta. Infografía Obesidad Infantil

2. La dieta solo va a funcionar si no lo ves como dieta,sino como cambios de hábitos alimentarios que vas a interiorizar. Yo he llegado a perder mucho peso con dietas, pero en cuanto las dejaba lo volvía a recuperar. Y sí, el efecto yoyó o efecto rebote existe, y no porque te engorde más lo que comas cuando dejas un régimen sino porque coges la comida con más ansias. Todo lo prohíbido durante la dieta se convierte en un gran manjar cuando la dejas, incluso aquello que te repugna. Da igual, es calórico y prohibido. Lo quieres.

Cuando cumplí los 27, exactamente el día en que celebré mi cumpleaños decidí que, por fin, era la hora de adelgazar. De ser físicamente quién quería ser, o casi. Tenía claro que no iba a  seguir siendo gorda toda la vida. Pero por primera vez lo decidí yo.

Recuerdo perfectamente como fue. Por aquella época vivía en un estupendo loft en la Plaza de Santa Ana. Trabajaba en el Buscador de Historias de Telecinco. Aquél día había quedado con algunas compis – y mejores amigas-  en casa para tomar algo y luego salir de copas. Nunca lo supieron, pero Belén, Madonna, Marta y Cintia fueron testigos sordos de mi decisión – por cierto, Cintia, si lees esto, seguro que tú sabes cuando fue…El mismo día que tú confiaste en nosotras para contarnos el secreto que, por aquél entonces, te atormentaba.

Se llamaba el Ayuntamiento, en la calle Huertas. Ya no existe. Pero ese fue el garito donde comenzó todo. No sé que pasó por mi cabeza en ese momento, pero lo tuve claro. Tan claro que al día siguiente todo empezó a cambiar.

Etiquetado , , , ,

Dietas extremas (parte 1): La sonda

Obsesionada por bajar de peso, he probado casi todo tipo de dietas. Sin embargo, esta de la que voy a hablar hoy llegó a mis oídos por curro.

Os pongo en antecedentes. Trabajaba en la Sexta, en el programa Equipo de Investigación.  Habíamos hecho ya un reportaje sobre Dukan y había sido todo un éxito. Se convirtió en nuestro programa más visto.  Y claro, con esos resultados de audiencia, los jefes decidieron que teníamos que hacer otro relacionado con dietas. Además, el verano  amenazaba con entrar sin avisar…Auguraban otro éxito. Y lo consiguieron…La culpable: LA DIETA DE LA SONDA. También conocida como la dieta de las novias…¿adivináis por qué, no? Dieta milagro, rápida y radical, para llegar lo suficientemente delgada al gran día.

La novia antes y después.

La novia antes y después.

Antes de seguir, quiero matizar que lo más parecido de esto con una dieta es el nombre. Es decir, no se puede llamar dieta a dejar de comer y en eso consiste precisamente la sonda.  Esta dieta se basa en introducir un tubo por la nariz -sonda nasogástrica- de unos dos milímetros, conectado a una bolsa desde la que se suministra “la comida”. Una mezcla de agua y proteínas que aporta al cuerpo unas 400 calorías diarias. Sí, 400. Para que os hagáis una idea esa es la cantidad de calorías que debería comer una persona en condiciones normales en una sola comida.  En fin, como digo una aberración.

Tras dos o tres días leyendo e investigando sobre esta dieta, conseguí contactar con su creador.  Estaba en Roma. Después de que en la tele me dieran el ok para ir a Italia por tema de presupuesto – pueden llegar a ser muy cutres como para no pagar un viaje a Roma, aunque no lo creaís-  quedé con él. Con Giamfranco Capello, el doctor “sondino” (sonda en italiano).

Quedamos un sábado a las 12 de la mañana en un teatro. Sí, sí, en un teatro. Nada de hospitales, o consultas . Por allí aparecieron unas doscientas personas. Y para mi sorpresa, una vez que se llenó el teatro, el doctor se subió al escenario e interpretó su mejor papel: El de charlatán de feria. Pero oye, funcionó. Tres cuartas partes del teatro aceptaron ponerse la sonda. Y con ello aceptaban también estar durante diez días sin comer absolutamente nada. Porque en eso se basa la “dieta”, en estar diez días sin comer.

Duranta la charla el médico promete que bajaránn diez kilos en diez días y que no los recuperarán jamás. Mentira. Además partimos de la base de que lo que van a perder es básicamente agua y no grasas que es lo que realmente queremos quitarnos de encima si nos sobra algo – o mucho- de peso.

El siguiente paso era ir a la clínica. Estaba a pocos metros del teatro. Un piso viejo en el centro de la ciudad, descuidado y en el que tanto obeso junto no cabe en los pasillos. Los pacientes estaban hacinados. Me impactó que el propio médico los trataba como gordos, pero gordos despectivamente hablando. Casi como si fueran escoria. Animales.

La entrevista no tuvo desperdicio. Es simpático hasta que se cuestiona su método. Pero aún así te intenta tratar con la mejor de sus sonrisas. Está orgulloso de su invento. Una dieta que en España, aunque se practica, podría ser ilegal y es que según la ley no se puede alimentar por sonda a una persona que puede morder, tragar. Básicamente la invención del doctor Capelo fue trasladar la forma de alimentar a un enfermo en coma a una persona que quiere perder peso.

Para mí una de las cosas más alarmantes es que no tiene miramientos a la hora de colocar la sonda. Quiero decir, le da igual que seas mayor, niño, o delgado. Si quieres la sonda, él te la pone, aunque te sobren, 200 gramos, si es que eso sobra. Como él mismo dice ha sido su gran negocio y eso que “no soy endocrino, soy cirujano”.

Aquí os dejo el link donde podréis ver el reportaje…La parte de Giamfranco Capello está entre el minuto 08.00 y el 23.30.

https://www.youtube.com/watch?v=8zs0SJLmr14

Por cierto, que mi relación con el doctor Capello es ya íntima. Después de todo, años después he tenido una segunda cita con él. Esta vez quien me enviaba y pagaba la estancia en Roma era TVE. Eso sí, era invierno y los pacientes no eran doscientos sino diez. He de reconoceros que en esta ocasión me planteé seriamente convertirme en paciente. Vamos que estuve por ponerme la sonda. He tonteado con ella y hablado tanto de ella que tenía cierta curiosidad por probarla y poder contar de primera mano que se siente, pero al final ganó, por una vez, mi cordura…Aquí os dejo también los enlaces…

http://www.rtve.es/alacarta/videos/t-con-t/dieta-sonda-1-parte/2849013/

http://www.rtve.es/alacarta/videos/t-con-t/dieta-sonda-2-parte/2849595/

En este reportaje que hice para TVE conocí a uno de los pocos médicos españoles que ponen la sonda. Tenía tanto miedo de que hablase mal de él o de que atacara el método que intentó “comprarme”. Obviamente no lo consiguió. El mejor momento es cuando le pregunto que por qué no se pone él la sonda sobrándole, como le sobraban kilos. En la grabación se deja en evidencia, como veréis. Pero es que fuera de la cámara me vino a decir que ni de coña, qué donde iba a ir él con una sonda colgando de la nariz. En fin…aquí os lo dejo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/t-con-t/dieta-sonda-llega-espana-1-parte/2850380/

Etiquetado , , , , , ,

Zapatillas a los 30

Nunca me había puesto unas zapatillas hasta casi los treinta. En un mes cumpliré los 34. ¡Madre mía, 34 ya! Hasta hace poco tiempo, el único deporte que practicaba, era encender cigarrillos marca Lucky Strike. Eso sí, con perseverancia y asiduidad, como exigen los ejercicios de musculación: en series y superseries controladas por reloj con descansos de 20 minutos. Treinta a lo sumo.

Mis primeras zapatillas

Mis primeras zapatillas

Pero todo esto cambió. Siendo adolescente los médicos pensaban que andar para mí, sería una utopía más allá de los 40 ó 45. Pero ¿sabéis qué? Ese es, exactamente, el número de kilómetros que corro ahora cada semana…Y pienso seguir haciéndolo hasta que la vejez se ponga tonta e impertinente y me obligue a llevar bastón. Ah, se me olvidaba…ya no fumo.

En los últimos cinco años, he hecho mi primer diez mil -corriendo-, me he quitado un gran peso – de encima- y he apagado mi último cigarrillo – adiós a los malos humos-. ¿Cómo lo he conseguido? Con esfuerzo y sacrificio, pero sobre todo con ganas, muchas ganas, y fuerza de voluntad.

Todos esos detalles que han conseguido el cambio serán los que vaya desgranando poco a poco en este blog.

Dos de sacarina no es más que una especie de diario personal, escrito con retraso –  con mucho retraso-  de mi metamorfosis personal. Esa que, sin menospreciar la de Kafka y Ovidio, para mí es la realmente importante. La real. La que he sufrido. La que he sudado. La que he corrido. La que he adelgazado. La que he disfrutado. Pero sobre todo, la que pasará a la historia. A la mía.

Etiquetado , , , ,
A %d blogueros les gusta esto: