Es niña y pesa cinco kilos.

Nací con cinco kilos. Lo que viene siendo hermosa – por cierto, cómo odio esta expresión-. Y a partir de ahí, todo fue subir de peso. Era muy glotona y, por lo visto, graciosa cuando pedía comida. Así que nadie se podía resistir a darme de comer  siendo bebé. Pero claro, crecí y mi sobrepeso empezó a ser preocupante. Me costaba respirar, la columna crujía  y la rodilla se bloqueaba continuamente.

bascula

Bajar de peso era, según los médicos, la única solución a mis problemas…Ahí empezó mi tour por dietistas y endocrinos. Recuerdo toda mi infancia haciendo dietas y el horror que suponía ir de tiendas. Lo que para todas mis amigas del cole era divertido para mí era un infierno. En aquella época la gente era bastante menos diplomática que ahora, y recuerdo como le decían a mi madre, conmigo delante, que no perdiera el tiempo mirando, que no había ropa para mí en las tiendas. No tendría ahí más de diez u once años. Siempre se ha dicho que los niños son crueles, para mí lo eran más las señoras de las tiendas, las dependientas. Las odiaba.

Pero a lo que iba. Creo que mi primera dieta la hice con unos doce años. Y de verdad, no creo que sea la solución para que un niño pierda peso. Lo que he aprendido de todo esto es que para adelgazar, tienes que tener clara dos cosas.

1. Tienes que querer tú y estar concienciado. No sirve que te obliguen. Yo acabé muy harta de escuchar a todo el mundo decir, o peor, decirle a mis padres que tenían que ponerme a dieta. Infografía Obesidad Infantil

2. La dieta solo va a funcionar si no lo ves como dieta,sino como cambios de hábitos alimentarios que vas a interiorizar. Yo he llegado a perder mucho peso con dietas, pero en cuanto las dejaba lo volvía a recuperar. Y sí, el efecto yoyó o efecto rebote existe, y no porque te engorde más lo que comas cuando dejas un régimen sino porque coges la comida con más ansias. Todo lo prohíbido durante la dieta se convierte en un gran manjar cuando la dejas, incluso aquello que te repugna. Da igual, es calórico y prohibido. Lo quieres.

Cuando cumplí los 27, exactamente el día en que celebré mi cumpleaños decidí que, por fin, era la hora de adelgazar. De ser físicamente quién quería ser, o casi. Tenía claro que no iba a  seguir siendo gorda toda la vida. Pero por primera vez lo decidí yo.

Recuerdo perfectamente como fue. Por aquella época vivía en un estupendo loft en la Plaza de Santa Ana. Trabajaba en el Buscador de Historias de Telecinco. Aquél día había quedado con algunas compis – y mejores amigas-  en casa para tomar algo y luego salir de copas. Nunca lo supieron, pero Belén, Madonna, Marta y Cintia fueron testigos sordos de mi decisión – por cierto, Cintia, si lees esto, seguro que tú sabes cuando fue…El mismo día que tú confiaste en nosotras para contarnos el secreto que, por aquél entonces, te atormentaba.

Se llamaba el Ayuntamiento, en la calle Huertas. Ya no existe. Pero ese fue el garito donde comenzó todo. No sé que pasó por mi cabeza en ese momento, pero lo tuve claro. Tan claro que al día siguiente todo empezó a cambiar.

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