Una gordita jodidamente feliz

Poco antes de empezar con mi nueva vida, recuerdo estar durante varias semanas de tiendas buscando vaqueros desesperadamente. Necesitaba unos y no encontraba ningunos de mi talla. En Zara, Mango, y las tiendas típicas ni me lo planteaba así que fui a varias de firmas, Pepe, Salsa hasta que al final decidida entré en Levis de la calle Fuencarral.
¿Adivináis la respuesta cuando pregunté por unos pantalones para mí? – No hay talla de chicas que te sirva, pero puedo ofrecerte el último modelo que nos ha llegado de chicos.  La verdad es que no me lo dijo mal, pero no sabéis lo bochornoso y deprimente que fue ese momento.

Yo llegué a tener bastante complejo, pero no tanto por mí, sino por lo que la gente te machaca. No digo que siempre se hagan las cosas con maldad, pero que estaba gorda ya lo sabía y no hacía falta que me lo repitiesen. Era gorda pero no ciega. Tampoco que que me diejeran que era muy mona si no fuera gorda. ¡¡¡Arggg!!! Odiaba cuando me decían lo de Raquel es una gordita feliz. No, Raquel no era una gordita feliz, era una gordita jodida pero que aparentaba ser feliz. Sabía que le caía bien a la gente y que tenía que potenciar eso para que no me rechazaran Así que sí, Raquel aparentemente era una gordita jodidamente feliz.

Los primeros días después de mi cumpleaños me dediqué a pensar en cómo iba a hacerlo. Me había propuesto quitarme un gran peso de encima y no iba a ser fácil. Lo único que tenía claro es que no quería hacerlo con dietistas, ni endocrinos, ni nutricionistas, ni nadie que me obligara a comer no sé cuentos gramos de hígado, -que odio- otros tantos de repollo hervido sin sal -odio la comida sin sal- y dos zanahorias cocidas para merendar – también las odio, hervidas y sin hervir-. No. No quería prohibiciones ni órdenes. Yo era la única que podía decidir sobre mi alimentación y mi vida. Porque sí, que nadie os engañe, es muy difícil hacer dieta y mantener una vida social activa y normal. Si haces dieta con seguimiento médico para no pasarte, no desconsolarte o no parecer un bicho raro cuando sales por ahí, lo mejor que puedes hacer es quedarte en casa. Y eso pasa factura y hunde la moral de cualquiera.  Desanima y te baja la autoestima y hace que mandes al carajo la dieta antes de empezarla, y con razón. Porque al final lo único que piensas es…¡vaya mierda!. Esto no me compensa.

Aquí os dejo el enlace de una canción que me dedicaron mucho. Os podéis imaginar que opino de esta forma de dar ánimos. Y lo falsa que era mi sonrisa cada vez que sonaba y me decían mira Raquel en plan mira guay

Qué cómo lo hice entonces…Pues al principio nada drástico, pero sí efectivo. Empecé a  reducir bastante las cantidades, aunque tampoco os penséis que antes comía como un animal, comía sin control o sin conciencia, pero no una barbaridad. Como método que interioricé (y a día de hoy uso) era servir toda mi ración en un único plato. Como si fuera un plato combinado. Durante los primeros meses seguía comiendo más o menos de todo, pero eso sí, suprimé aceites, salsas y aliños excesivamente calóricos. Cambié el pan normal por los picos, que racionalizaba, y obviamente dije adiós a todo aquello que fuera comida basura, snacks o chucherías. Pero ojo, entre semana. El fin de semana si salía con mis amigos, aunque controlando, sí me tomaba mis cervezas e incluso picaba algunas aceitunas o patatillas para empepar. Insisto, quería seguir teniendo una vida social normal.

Aunque no lo creáis así conseguí perder unos diez kilos en cinco meses, y realmente no me costó ningún esfuerzo. Además estaba contenta y motivada, porque estar a dieta (o más bien cambiando hábitos alimentarios) no estaba influyendo en mi vida normal y además estaba perdiendo peso, y sin hacer deporte. Por entonces todavía no se me había despertado el espíritu deportista pero estaba en camino.

Recordad que cuando yo hablo de mi dieta, siempre me refiero a cambio de hábitos. No a dietas con nombre y apelllidos. Que también las he hecho, y ya os hablaré de ellas, pero las usaba a modo de choque y aun así realmente convencida de lo que hacía.

A lo que iba, en cinco meses diez kilos. Estaba encantada…pero…cada vez era más dificil perder…Como en un buen guión, mi dieta necesitaba un giro. Y llegó. Fue en mayo de 2009. Pero èsta será ya otra entrada.

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Un pensamiento en “Una gordita jodidamente feliz

  1. […] mi último post me quedé justo en el momento en que mi forma de perder peso necesitaba un giro, un punto de […]

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